«El COVI marcó mi vida…»

Newsletter octubre 2008

Miles de niños huyen de sus hogares y sus países a causa del maltrato. En las calles las únicas alternativas son droga, delincuencia y violencia. Pero el Covi les ofrece una segunda oportunidad. 

Por Liseth E. de Carrillo

Boris Salinas es uno de los 70 adolescentes que dejaron la calle para tomar un nuevo rumbo. Él es uno de los líderes del Covi. Con su testimonio ha animado a otros a dejar la delincuencia y las drogas..les anima a dejar las calles. Desde la creación del Covi, hace tres años, 400 chicos han sido atendidos. Y en ocho años el MAC ha atendido a más de 9 000 personas a través de los servicios de salud, educación y consejerías personalizadas.

¿Por qué hay niños en la calle? Para muchos es un escape de la violencia. Ese es el caso de Boris. A los 11 años huyó de casa. Ya no soportaba el maltrato de su madre.

Durante tres días deambuló por las calles de Bogotá. Luego tomó un bus y vino al Ecuador. Cuando llegó no tuvo otra opción que dormir en los parques. Al sentir frío y hambre ansiaba tener un hogar. “Siempre me arrepentí de haber salido de casa. Lloraba bastante. Extrañaba a mi mamá. Aunque ella me golpeaba mucho yo la quería bastante. Aún hoy la sigo amando…”

Al parecer no había esperanza. A los 12 años se involucró en las drogas. Para conseguirlas trabajaba en el día. Pero en las noches robaba. “Tenía una banda en el parque La Carolina. Hasta las noticias destacaban que ése era un sector peligroso”.

Pero entonces comenzó a recibir amor de forma inesperada. Todos los miércoles, el Ministerio de Ayuda Comunitaria (MAC) de la iglesia el Batán le brindaba una sopita caliente. “Ahí me hablaron del amor de Jesús”.

Su lucha era diaria. Trataba de entender ese amor mientras veía que sus amigos apuñalaban a sus víctimas durante algún asalto. Sin embargo, no dejaba de ir a la iglesia. “Ahí me ayudaban sin pedir nada a cambio. Nadie me juzgaba. No me discriminaban por ser de la calle, por oler feo..”.

En ese proceso él mismo fue preso de la violencia. Tuvo un accidente y llegó al límite. Entonces, una pareja misionera lo adoptó. Vivió siete años con ellos. Terminó sus estudios y aprendió inglés.

Durante esos años Boris nunca dejó de asistir al MAC, el cual se convirtió en el Centro Opción de Vida (Covi). En ese tiempo alcanzó su restauración completa. “Dios hizo un milagro en mí. Fui libre de las drogas aunque nunca estuve en un centro de rehabilitación. Dejé de robar”.

Ahora Boris tiene 21 años y vive en Casa Gabriel (un hogar de misioneros). Su meta es buscar un trabajo y estudiar en la universidad. “La ayuda de la iglesia El Batán, a través del Covi, marcó mi vida. Ahí me hablaron de Jesús. Él me dio una segunda oportunidad y sobre todo, me dio la vida eterna. Por ello, el Covi es una necesidad urgente para muchos chicos que siguen en la calle. Ellos también necesitan una segunda oportunidad”.

Para mayor información ingresa a Proyecto COVI 1 – Centro de Día